Jornadas de difusión de proyectos Académicos, de Investigación y Extensión

SUELOS VERTISOLES Y MOLISOLES DE ENTRE RÍOS: INDICADORES BIOLÓGICOS DE CALIDAD

M.A. STERREN, S. M BENINTENDE, M. F. SALUZZIO

Facultad de Ciencias Agropecuarias
STERREN, MARíA ALEJANDRA: msterren@fca.uner.edu.ar

Resumen:

El proceso de intensificación y expansión de la agricultura para lograr incrementos en la producción implica, en muchos casos, un riesgo para la preservación del medio ambiente y la incertidumbre de la sustentabilidad de los sistemas productivos en el mediano y largo plazo. El concepto de sustentabilidad de un sistema agrícola se vincula a la idea de que pueda mantener o mejorar su capacidad productiva desde un punto de vista agronómico, económico y ambiental y de la calidad de los recursos involucrados. Entre los recursos involucrados en la producción agropecuaria, el suelo ocupa un lugar preponderante por la importancia del mismo para la vida de todos los organismos. (Doran, Parkin, 1994). La calidad del suelo ha sido definida como la capacidad del mismo de funcionar de manera equilibrada con los demás componentes de los sistemas, ya sean estos naturales o modificados por el hombre (Doran, Safley, 1997). Debido a que en el funcionamiento de un suelo están involucradas una gran variedad de propiedades físicas, químicas y biológicas, estas propiedades se plantean como potenciales indicadores de calidad. La selección de indicadores que permiten la cuantificación de la calidad de un suelo implica la determinación de qué propiedades reflejan mejor los cambios que se producen. Los indicadores biológicos de calidad de suelos se caracterizan por ser sensibles a las prácticas de manejo que afectan las funciones (Gil Sotres et al., 2005). Una de las formas más utilizadas para evaluar los microorganismos del suelo es la cuantificación de C de la biomasa microbiana. Su determinación es doblemente importante ya que es catalizador primario de procesos biogeoquímicos tanto como una reserva nutritiva y energética. Es el componente más lábil de la materia orgánica y constituye el aproximadamente el 3% del C orgánico y el 5 % del N total. Cumple una serie de funciones críticas en el ecosistema suelo como por ejemplo: es tanto destino como fuente de nutrientes, participa en los ciclos del C, N, S, P entre otros nutrientes, cumple un rol activo en la descomposición de xenobióticos e inmovilización de metales pesados, participa en la estructuración del suelo, entre otras. Por lo cual no es extraño que haya sido ampliamente utilizada como indicador biológico de los efectos que diversas prácticas de manejo tienen sobre el suelo. La medición de la biomasa microbiana del suelo ha demostrado ser un indicador sensible a las diferencias entre sistemas de cultivo, rotaciones, la aplicación de manejo orgánico vs convencional, estrategias de recuperación de suelos, fertilización, etc. (Anderson, Domsch, 1989; Benintende, Benintende, 2003; Bending, et al., 2004; Sicardi et al., 2004; Franchini et al., 2006; Marinari, et al., 2006; Monokrousos et al., 2006; Nogueira et al., 2006; Kaschuk et al., 2010). Dos métodos de medición de biomasa microbiana están lo suficientemente probados y han sido incluidos en NORMAS ISO de determinaciones de calidad de suelos (ISO 14240- 1 y 2). Por otra parte, la medición de respiración del suelo es una de las determinaciones biológicas medida con mayor frecuencia. A diferencia de la biomasa microbiana, refleja una actividad global de los organismos del suelo. Anderson (2003) plantea que cualquier impacto que afecta a los miembros de la comunidad microbiana debería detectarse a nivel de comunidad a través de un cambio de una actividad particular. La capacidad de suministro de N mineral a partir de la degradación de la materia orgánica es otra variable que puede evaluarse para ser usada como indicadora de calidad. Entre otras, se ha trabajado en determinaciones de N potencialmente mineralizable, o el N activo del suelo por dilución isotópica (Duxbury, Nkambule 1994). En nuestro equipo de trabajo encontramos una marcada asociación entre las mediciones de N potencialmente mineralizable y el N mineralizado en incubaciones anaeróbicas de 7 días (Benintende et al., 2003 y Benintende et al., 2004) por lo que consideramos puede ser usado como una variable indicadora de calidad de suelos. Los suelos de la provincia de Entre Ríos se han desarrollado sobre diferentes materiales de origen y en una topografía también variada, lo que ha resultado en un rico mosaico de suelos cuyas características difieren en cortas distancias. En la región de mayor uso agrícola de la provincia se encuentran dos órdenes de suelos, Vertisoles y Molisoles, a los que consideramos de interés para iniciar un trabajo de selección de indicadores de calidad biológica para nuestra provincia. En este trabajo pretendemos analizar cuáles son las variables biológicas que mejor separan suelos degradados y parcialmente degradados por el uso y manejo, de suelos inalterados.